La literatura no es un lujo ni un pasatiempo: es una forma de existir con más conciencia y más humanidad. Nos recuerda que no estamos solos en nuestra fragilidad, que alguien antes ya sintió lo que hoy nos quiebra o nos ilumina. Al leer, bebemos de vidas que no son nuestras; al escribir, dejamos un rastro para que otros no se pierdan. Quizás eso sea, en esencia, el verdadero poder de la literatura: convertir lo individual en universal. Hacer de una emoción privada un puente hacia el otro. Por eso, más allá de géneros, épocas o estilos, la literatura sigue viva. Porque mientras haya un corazón dispuesto a sentir, siempre habrá una palabra capaz de tocarlo. Es el momento lector, de transformar y darle vida a tu vida, con palabras que lleguen al corazón.
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